Han pasado quién sabe cuántos años desde aquella última vez. Los Fabulosos Cadillacs volvieron a los escenarios mexicanos. Y otra vez ahí estuvimos. Yo creo que es la banda extranjera que más veces he visto en vivo. Y no me canso ni me cansaré. Aunque si quisiera dejar en claro que bajo ningún motivo iría con un jersey de la selección argentina a sus conciertos y que en general los argentinos me cagan, soy muy fan.
Recuerdo aquellos primeros trompetazos de El León, rola con la que abrieron el pasado 5 de Noviembre y que hicieron que una ráfaja de electricidad corriera de mi cuello hacia abajo. La pura emoción de oír la música que nos ha acompañado en innumerables borracheras desde la secundaria. Y que sigue vigente incluso en su nuevo disco La Luz del Ritmo, con reversiones cumbiancheras de sus grandes éxitos, además algunos covers y un par de nuevas de pilón.
El show fue buenísimo, y la Sección A del Foro Sol, esa que estaba hasta adelante, de lo más cómoda para verlos. No sé si era porque los boletos costaban más de mil pesos, pero la capacidad de la sección era lo suficiente para bailar sin la necesidad de apretarse contra el matudo sin playera que se cree en el Vive Latino. Un escenario inesperadamente complejo y bien producido, una especie de andamios de varios metros de altura, repletos de luces y estrobos. Dos pantallas con visuales en blanco y negro y el puro bailongo de un miércoles que más de uno hubiera querido que fuera viernes.
lunes, 10 de noviembre de 2008
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